Cuando Dios llama

by | Nov 30, 2024 | Evangelismo, Sabiduria, Testimonio, Transformacion | 0 comments

¿Alguna vez has sentido una atracción repentina e inexplicable hacia algo más grande que tú? ¿Un llamado que parece venir desde más allá, invitándote a salir de tu zona de confort y a una vida con propósito? Esta es la esencia del llamado de Dios: una invitación divina que puede transformar nuestras vidas si elegimos responder.

La historia de Leví, también conocido como Mateo, sirve como un poderoso ejemplo de cómo responder al llamado de Dios puede conducir a un cambio profundo. Leví era un recaudador de impuestos, una profesión despreciada por muchos en su sociedad. Los recaudadores de impuestos a menudo eran vistos como colaboradores corruptos de los opresores romanos, que con frecuencia cobraban de más a la gente y se quedaban con la diferencia. Sin embargo, fue a este candidato improbable a quien Jesús extendió su invitación: “Sígueme“.

Lo notable de la respuesta de Leví es su inmediatez. La Escritura nos dice que “dejándolo todo, se levantó y siguió a Jesús” (Lucas 5:27-28). No hubo vacilación, ni regateo, ni “déjame pensarlo“. Levi reconoció el valor de lo que se le ofrecía y tomó la decisión instantánea de dejar atrás su antigua vida.

Esta obediencia inmediata contrasta marcadamente con nuestras respuestas, a menudo lentas y renuentes, a la indicación de Dios. ¿Cuántas veces hemos sentido un empujón para hacer algo (ayudar a alguien, hacer un cambio, dar un salto de fe) y luego hemos dudado, lo hemos racionalizado o lo hemos ignorado por completo? La obediencia lenta, como dice el dicho, no es obediencia en absoluto.

Pero esta es la hermosa verdad que ilustra la historia de Levi: Dios llama a todos, independientemente de sus circunstancias pasadas o presentes. Jesús mismo dijo: “No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento” (Lucas 5:32). Esto significa que, sin importar lo que hayas hecho, sin importar lo lejos que creas que te has desviado, la invitación de Dios sigue abierta para ti.

Esta verdad se enfatiza aún más en Efesios 2:4-5, que nos recuerda que “Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, nos dio vida juntamente con Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados (por gracia sois salvos)”. Nuestro pasado no nos descalifica para el llamado de Dios; más bien, es la razón por la que Él nos llama.

La pregunta entonces es: ¿Seguirás a Cristo? ¿Estás dispuesto a dejar atrás las cosas de este mundo para perseguir un llamado superior? Es una decisión importante, que no debe tomarse a la ligera ni posponerse indefinidamente. Como pregunta conmovedoramente Mateo 16:26: “¿De qué le servirá a alguien ganar el mundo entero, si pierde su alma?”.

Muchas personas creen que pueden vivir una vida de su propia elección y volverse a Cristo en el último momento. Pero la vida es impredecible y el mañana no está garantizado. Además, los estudios muestran que cuanto más se espera para tomar una decisión por Cristo, menos probabilidades hay de hacerlo. Ahora es el momento de responder al llamado de Dios.

La historia de Leví no termina con su decisión de seguir a Jesús. Lo siguiente que vemos que hace es organizar un gran banquete en su casa, invitando a una “gran multitud de publicanos y otros” a cenar con Jesús (Lucas 5:29). Esta celebración sirve como un hermoso ejemplo de cómo debemos responder después de aceptar la invitación de Cristo.

En primer lugar, no debemos ser creyentes en secreto. Leví celebró abiertamente su decisión, sin avergonzarse de su nueva fe. Como declara Romanos 1:16: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree“. Nuestra fe debe ser motivo de celebración, no algo que escondamos.

En segundo lugar, el banquete de Leví nos muestra la importancia de compartir las buenas noticias con los demás. No se guardó su encuentro con Jesús para sí mismo, sino que invitó a otros a conocerlo también. Esto se alinea perfectamente con la Gran Comisión de Jesús en Mateo 28:19: “Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.

¿Cómo podemos seguir el ejemplo de Leví hoy? Podemos invitar a amigos a la iglesia, especialmente durante eventos especiales. Podemos abrir nuestras casas para estudios bíblicos. Podemos participar en actividades de extensión comunitaria, distribuyendo invitaciones a la iglesia. Podemos compartir nuestra fe con colegas en el trabajo. Las posibilidades son infinitas, limitadas solo por nuestra creatividad y disposición.

Sin embargo, es importante señalar que seguir a Cristo y compartir su mensaje no siempre será recibido con aprobación universal. La Escritura nos dice que los fariseos y maestros de la ley criticaron a Jesús por comer con recaudadores de impuestos y pecadores (Lucas 5:30). De manera similar, podemos enfrentar críticas u oposición cuando elegimos seguir a Cristo o compartir su mensaje.

Pero esto no debería sorprendernos ni desanimarnos. Como nos recuerda 1 Pedro 4:14: “Si sois insultados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros”. La oposición a menudo significa que estamos haciendo algo bien, desafiando el status quo tal como lo hizo Jesús.

Además, debemos tener cuidado de no llegar a ser como los fariseos, juzgando a los que son diferentes o nuevos en la fe.