El negocio más importante de nuestra vida

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El negocio más importante de nuestra vida

by | Aug 23, 2024 | Familia, Vida | 0 comments

En el mundo acelerado en el que vivimos, es fácil dejarse llevar por la rutina diaria del trabajo, las obligaciones familiares y las actividades personales. A menudo nos encontramos priorizando estos aspectos de la vida, creyendo que son los más cruciales. Pero, ¿qué pasa si nos estamos perdiendo algo aún más vital? ¿Qué pasa si hay un llamado superior que debería tener prioridad sobre todo lo demás?

La historia de Jesús cuando era un niño en el templo ofrece una lección profunda sobre lo que realmente importa en la vida. Con solo doce años, Jesús se quedó en Jerusalén después de que sus padres se marcharan, lo que les causó una gran angustia cuando se dieron cuenta de que no estaba. Cuando finalmente lo encontraron tres días después, estaba en el templo, enfrascado en profundas discusiones con los maestros. Su respuesta a sus padres preocupados es sorprendente y esclarecedora: “¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que tenía que estar en la casa de mi Padre?”

Este incidente revela una verdad fundamental: nuestro enfoque principal debe estar en los asuntos de nuestro Padre Celestial. Pero, ¿qué significa esto para nosotros hoy?

En primer lugar, es fundamental entender que la edad no es un obstáculo para servir a Dios. Jesús, a los doce años, ya estaba profundamente inmerso en asuntos espirituales. Esto sirve como un poderoso recordatorio de que los jóvenes no sólo son capaces de entender y buscar verdades espirituales, sino que también pueden ser ejemplos para otros en su fe y conducta. Como el apóstol Pablo le aconsejó a Timoteo: “Que nadie te menosprecie por ser joven, sino sé ejemplo para los creyentes en palabra, conducta, amor, fe y pureza”.

En segundo lugar, debemos reconocer que los asuntos de Dios deben tener prioridad sobre todo lo demás en nuestras vidas, incluso la familia y el trabajo. Esto no significa descuidar nuestras responsabilidades, sino más bien reorientar nuestras prioridades para que el reino de Dios esté en primer lugar. Jesús mismo dijo: “Si alguno viene a mí y no aborrece a su padre y madre, a su mujer e hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta su propia vida, no puede ser mi discípulo”. Aunque este lenguaje puede parecer duro, enfatiza la suprema importancia de nuestro compromiso con Dios.

De la misma manera, cuando se trata de nuestras carreras y objetivos financieros, debemos tener cuidado de no dejar que estos eclipsen nuestra vida espiritual. “Nadie puede servir a dos señores”, advirtió Jesús. “No se puede servir a Dios y al dinero”. La sabiduría de Eclesiastés nos recuerda que los logros y posesiones mundanas son, en última instancia, “vanidad, correr tras el viento”. Nuestra verdadera realización proviene de alinear nuestras vidas con los propósitos de Dios.

Pero, ¿cuál es exactamente el “trabajo” de nuestro Padre Celestial? Si bien la obra de Dios es vasta y multifacética, podemos centrarnos en tres aspectos clave:

1. La salvación del mundo: el corazón de Dios es que todas las personas se arrepientan y encuentren la salvación. Como creyentes, estamos llamados a participar en esta misión compartiendo el evangelio y haciendo discípulos de todas las naciones.

2. La iglesia: Cristo amó tanto a la iglesia que dio su vida por ella. Estamos llamados a ser miembros activos de nuestras iglesias locales, usando nuestros dones para servirnos unos a otros y edificar el cuerpo de Cristo.

3. Nuestra santificación: Dios está trabajando continuamente en nosotros, transformándonos a la imagen de Cristo. Como escribió Pablo a los filipenses: “El que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús”.

Entonces, ¿cómo podemos participar de manera práctica en la obra de Dios en nuestra vida diaria? Aquí hay algunas sugerencias:

1. Priorizar la lectura y el estudio de la Biblia: Así como el joven Jesús fue encontrado discutiendo las Escrituras con los maestros en el templo, nosotros también debemos sumergirnos en la Palabra de Dios. Convierta en un hábito diario leer, meditar y estudiar las Escrituras.

2. Compartir el evangelio con los demás: Busque oportunidades para compartir su fe con quienes lo rodean. Esto puede comenzar con su propia familia a través de devocionales regulares y extenderse a amigos, colegas e incluso desconocidos.

3. Servir en su iglesia local: Busque un ministerio donde pueda usar sus dones y talentos para servir a los demás y contribuir al cuerpo de Cristo.

4. Busque la santidad personal: Permita que Dios obre en su vida, transformándolo de adentro hacia afuera. Esté abierto a Su convicción y guía en todas las áreas de su vida.

Al reflexionar sobre estas verdades, se nos desafía a examinar nuestras propias vidas. ¿Estamos realmente poniendo el reino de Dios en primer lugar? ¿Nos apasionan tanto los asuntos espirituales como nuestras carreras, pasatiempos o relaciones? El llamado a priorizar los asuntos de Dios no siempre es fácil, pero en última instancia es el camino más satisfactorio que podemos elegir.

Recuerde, las cosas de este mundo (nuestros logros, posesiones e incluso nuestras relaciones) eventualmente se desvanecerán. Pero el impacto que tengamos en el reino de Dios durará por la eternidad. Al alinear nuestras vidas con Sus propósitos, descubrimos una profundidad de significado y alegría que supera todo lo que el mundo puede ofrecer.

Inspirémonos, entonces, en el joven Jesús en el templo. Que seamos hallados buscando ansiosamente las cosas de Dios. Dios nos ha dado la gracia de crecer en sabiduría y en estatura, y de encontrar favor ante Dios y los hombres. Porque al hacerlo, estaremos ocupados en los asuntos de nuestro Padre, los asuntos más importantes de todos.